Esta
tarta es el vivo ejemplo de lo que pasa en un domingo cualquiera del
norte de España, o por lo menos de Cantabria. Te levantas por la mañana,
prontito, para poder hacer la comida e irte a la playa para poder
aprovechar todo el día de sol. Y cuando ya tienes los bocatas
preparados, el bikini puesto y a todo el equipo en la puerta preparado
echas el último vistazo y te das cuenta de que se ha nublado. Piensas:
"será una nubecilla de nada, nos vamos a playa". Ya de camino la
nubecilla se va haciendo un poco nubarrón y cuando llegas a la playa y
aparcas (que no es fácil) empiezan a caer las primeras gotas en el
cristal del coche, vuelves a pensar: "esto no
tiene importancia, la nube se va seguro". Estiras la toalla, la niña
saca todos los juguetes, te quitas toda la ropa y crema para toda la
familia. Y por fin ... el gran chaparrón.
Total que acabas en casa con un mosqueo que no te aguantas ni tú, los demás igual o parecido. Y, ¿a que dedicas la tarde? Pues a currarte una tartita en honor a ese único día de la semana que ibas a pasar jugando con arena, dándote bañitos y saltando olas.
Total que acabas en casa con un mosqueo que no te aguantas ni tú, los demás igual o parecido. Y, ¿a que dedicas la tarde? Pues a currarte una tartita en honor a ese único día de la semana que ibas a pasar jugando con arena, dándote bañitos y saltando olas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario